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La última curva de la vuelta final

En el centro, Angel Nieto (13 años), a su lado, Tomás Díaz-Valdés (19 años). Junto a este Paco Martín (13 años)
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En el centro, Angel Nieto (13 años), a su lado, Tomás Díaz-Valdés (19 años). Junto a este Paco Martín (13 años)

Emocionante adiós a Nieto en Ibiza

Estoy desolado. Y con las imagenes que me han llegado, mucho más. Son 57 años de amistad. Fué un aprendiz aventajado. Después un heredero deportivo mucho más aventajado. No puedo seguir. Las lágrimas me lo impiden. Sobre todo, cuando veo este video una y otra vez

La última curva de la vuelta final

Hace cuatro años terminé un libro que escribí, con bastante ilusión, hace cuatro años: “Ángel Nieto, las Curvas de la Vida”. Fueron, son, doscientos y pico folios que están en la memoria del disco duro de mi Mac. Saqué copias en un "pendrive" que le envié al protagonista del libro, a varios miembros de su familia y algún amigo. Quería conocer la opinión, antes de mandarlo a la imprenta. He esperado un tiempo prudencial. Ángel, ni niño, me comentó: “Nada más que hablas de ti” Le pregunté que cuantas páginas había leído. Me contesto que diez. Se había leído el prólogo, donde digo quien soy y por qué escribo este libro. Naturalmente, conociendo al personaje, poco dado a la lectura y menos de un texto sin ilustraciones, comprendí aquel comentario. Nada más.

Hace unas semanas volví a hablar con él. Quería fotografías de niño, cuando llegó a Madrid. “Llama a mi hermana y que te las de. Ella tiene todo. O a Carlita…¡Pero como vas a publicar un libro si no se venden!”, me comentó.Le dije que era cuestión mía personal, que no pretendía hacerme rico. “Puedes hacer lo que quieras si es tu ilusión”. Estas fueron sus palabras. Las ultimas que hablamos sobre el libro.

Enviarle un borrador fue por uno de los capítulos, en el libro les llamo curvas, especialmente el que se centra en sus amoríos. Un tema delicado, porque cuento casi todo. Pero tanto él, como Belinda, su actual esposa, me dijo que no lo veía mal.

Todo el mundo que conoce el trabajo, insisto, escrito y terminado hace más de cuatro años, me anima a que lo publique. “Nadie mejor que tu puede hacerlo. Habéis sido uña y carne”, me increpan.

La última curva

En estos días lo he pasado mal. Los que conocen mi relación con Angel lo saben. Cuando me llamó Belinda para decirme: “Se nos va, Tomas”. El que esto escribe salió pintando para Ibiza. A pesar de las fechas, conseguí llegar al hospital y poder abrazar a todos sus allegados. "Estamos esperando a que vengan unos neurocirujanos de Barcelona. Estarán aquí en dos horas", me dice uno de sus hijos. No se si fue “Gelete” o Pablo. Estaba tan angustiado…

El doctor Angel Villamór se había desplazado desde Madrid. Pero el prestigioso traumatólogo que todos conocemos, me dijo: “hay muy pocas esperanzas. Muy remotas, Tomás” Fue cuando la tensión se me subió por las nubes. Veinte, una barbaridad. Me acompañaron a la sala de urgencia, dos plantas más abajo donde mi amigo, me dicen, estaba preparando la puerta del Cielo. Me dieron dos pastillas para calmar mi angustia. Yo estaba recuperándome en la habitación, donde debería recuperarse Ángel cuando saliera de la UCI. Belinda estaba conmigo, junto a su hermana. Me dicen que había llegado Pepa, la madre de Gelete y Pablo. Que había peguntado por mí, porque mi mujer se había enterado del percance que había sufrido y la llamó.

Pero lo importante no era lo mío. Una pura anécdota. Lo realmente importante era conocer si cabía alguna posibilidad de salvar a Ángel La noticia explosionó en el ambiente de todo el hospital. ¡Ángel ha muerto! Había sido desenchufado de la máquina que le mantenía… ¿Con vida? No lo se. Lo habían decidido los médicos después de la reunión de todos ellos, incluidos los que vinieron de Barcelona y la familia.

Sollozos, abrazos. ¡Se nos ha ido!, ¡se nos ha ido! ¡Que desesperación! ¡Qué injusticia! No podía creerme lo que estaba sucediendo en aquel modesto hospital. Todos los familiares y amigos allegados nos fuimos a casa de Juan Palacios. Allí, con más tranquilidad, se tomarían las medidas para el después…

¿Qué después?, me preguntaba una y otra vez, Mi mejor amigo se había ido de este mundo. No podía creerlo. Cómo es posible que un hombre que se ha jugado la vida por circuitos de todo tipo, se fuera así. De esa manera, cuando iba a comprar a la ferretería unos aspersores para el jardín en su “quad”. Fue un golpe fortuito donde no hay culpables, salvo el golpe seco de su cabeza contra el bordillo.

He esperado unos días porque no tenía ningún ánimo de escribir. Lo hice cuando su cuerpo estaba presente en el tanatorio, por petición de Alfredo Relaño, director del que fue mi periódico, AS. No podía negarme. Me mandó un redactor para grabarme. Pero quería escribir personalmente la última crónica de la muerte de mi mejor amigo.

Durante treinta años he contado todo, o casi todo, de Ángel Nieto en las páginas de “AS”. Tengo en mi mente uno de los mejores recuerdos de mi trabajo. Me acuerdo del agobio que tuve para enviar la crónica de la consecución del primer título mundial que consiguió. Entonces no había Internet y los teléfonos dejaban bastante que desear. Había picado la crónica en un télex que no había manera de hacer funcionar. A las once de la noche, cuando estaba a punto de cerrarse la edición, conseguí relatar a los taquígrafos aquel histórico momento. Quizás, por esa tardanza, solo salió una pequeña llamada en portada.

Entonces, el motociclismo, era un deporte minoritario. No tenía consideración en nuestro país, a excepción de cuatro chalados, como nosotros, que creíamos en esta fascinante y espectacular disciplina deportiva. Fue el once de septiembre de 1969. Han pasado 48 años desde entonces. Y, el cambio, ha sido radical

La muerte del amigo Ángel, el del cielo, con esas alas negras de su casco, habrá llegado all más allá para participar en ese Gran Premio del final de la vida, puntuable para el Campeonato de la Eternidad. Allí estarán los que fueron amigos y adversarios, Santiago Herrero, Ramón Torras, Gilberto Parlotti, Barry Sheene, Ricardo Tormo… Seguro que Paco Tomas estará preparándole una excelente montura bajo la supervisión de Don Paco Bultó. También estará Pablo Arranz, “Cauca”, dispuesto a tirar la bandera de llegada a la meta ¡Qué recuerdos!

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