Miles de conductores regresan a casa en uno de los fines de semana con más tráfico del año. La DGT advierte de un repunte del riesgo en vías convencionales, donde se producen la mayoría de las salidas de vía y donde la atención al volante marca la diferencia entre un viaje seguro y un accidente.
Con el final de la Semana Santa, las carreteras españolas afrontan uno de los momentos más delicados del calendario: la operación retorno. La Dirección General de Tráfico (DGT) vuelve a lanzar un mensaje claro: prudencia máxima en unos días en los que confluyen desplazamientos largos con movimientos locales.
Lejos de tratarse únicamente de grandes trayectos entre comunidades, los últimos días festivos combinan viajes de largo recorrido con trayectos cortos hacia zonas de ocio. Este fenómeno multiplica los puntos de conflicto, especialmente en accesos a áreas costeras y carreteras secundarias.
La situación se agrava en regiones donde el lunes sigue siendo festivo, como Cataluña, Comunidad Valenciana, Navarra, País Vasco y La Rioja, prolongando así la presión sobre la red viaria.
Aunque la atención mediática suele centrarse en las autopistas, la realidad es otra: las carreteras convencionales siguen siendo el escenario más letal.
Los datos son contundentes:
- El 40% de las víctimas mortales se producen por salidas de vía
- El 72% de estos siniestros ocurre en vías convencionales
- 349 personas perdieron la vida el pasado año en este tipo de accidentes
Más preocupante aún es que, en muchos casos, no intervienen otros vehículos. La conducción individual —y sus errores— se sitúa en el centro del problema.
Tres factores dominan el análisis de siniestralidad:
- Distracciones
- Exceso de velocidad
- Consumo de alcohol
Juntos están presentes en la mayoría de los accidentes graves. De hecho, distracción y velocidad aparecen en tres de cada cuatro salidas de vía, mientras que cuatro de cada diez conductores implicados dieron positivo en alcohol.
El incremento del tráfico también impacta directamente en peatones, ciclistas y motoristas. Estos usuarios, especialmente expuestos en entornos urbanos y carreteras secundarias, requieren una atención constante por parte de los conductores.
La convivencia segura no es solo una recomendación: es una necesidad.
A la complejidad del tráfico se suma un factor menos visible pero igual de peligroso: el cansancio. Tras varios días de desplazamientos, ocio y cambios de rutina, la fatiga aparece tanto en viajes largos como en trayectos cortos.
La confianza excesiva y la relajación al volante pueden resultar tan peligrosas como la velocidad.
En plena operación retorno, la tecnología, la información en tiempo real y los dispositivos de control ayudan, pero no sustituyen al factor más determinante: el conductor.
La diferencia entre llegar o no hacerlo sigue dependiendo de decisiones simples: levantar el pie, evitar distracciones y respetar las normas.
Porque, en carretera, el margen de error nunca es tan amplio como parece.