Spyker quiere demostrar que todavía existe espacio para los coches construidos alrededor del conductor. El C8 Preliator XXV Coupé no busca competir por tener la mayor cifra de potencia ni por acumular la última tecnología digital. Su filosofía es muy diferente: combinar artesanía, diseño inspirado en la aviación y una mecánica que mantiene una conexión directa con quien se pone al volante.
Y lo hace con 800 CV y 1.000 Nm procedentes de un V8 biturbo de 4,0 litros.
El corazón del Spyker C8 Preliator XXV Coupé es un V8 biturbo de 4,0 litros capaz de desarrollar 800 CV y 1.000 Nm de par. Su velocidad máxima supera los 350 km/h. Pero Spyker asegura que el coche no ha sido concebido únicamente para perseguir cifras.
La gran diferencia respecto a la mayoría de los hipercoches modernos está en la transmisión. El C8 Preliator XXV Coupé utiliza una auténtica caja de cambios manual. No hay levas ni una transmisión automatizada que imite la sensación de un cambio manual.
Cada marcha se selecciona directamente desde la palanca y cada cambio forma parte de la experiencia de conducción. Es una declaración de intenciones en una época en la que incluso los deportivos más radicales recurren cada vez más a transmisiones automáticas de doble embrague.
La relación entre Spyker y la aviación no es nueva. La compañía nació en los Países Bajos en 1880 y su historia quedó ligada al mundo aeronáutico después de su unión con la Fábrica de Aeronaves Holandesa en 1914.
Esa influencia llegó hasta el automóvil y quedó especialmente reflejada en el Spyker C1 Aerocoque de 1919.
El nuevo C8 Preliator XXV recupera algunos de esos elementos. La carrocería incorpora conductos NACA, mientras que la parte trasera recupera una llamativa aleta inspirada en el C1 Aerocoque original.
Los grupos ópticos también siguen esta filosofía: los faros delanteros incorporan el nombre XXV y los pilotos traseros evocan la forma de los postquemadores de un avión de combate.
Incluso algunos detalles aparentemente secundarios están inspirados en la ingeniería aeroespacial.
La estructura de tipo isogrid, formada por triángulos entrelazados, aparece en diferentes elementos del coche, desde las rejillas y ventilaciones hasta los pedales, el escape y la tapicería.
En un momento en el que la fibra de carbono domina buena parte de los hipercoches, Spyker mantiene una apuesta deliberada por el aluminio.
La carrocería está fabricada artesanalmente sobre un bastidor espacial desarrollado específicamente para este modelo, en colaboración con Coventry Prototype Panels, en Inglaterra.
Cada panel exterior ha sido diseñado desde cero. El proceso de fabricación es extremadamente lento. Construir un Spyker requiere aproximadamente 2.100 horas de trabajo.
El volante, por ejemplo, se cose a mano durante más de cuatro horas. El salpicadero de aluminio mecanizado recupera el estilo de los Spyker anteriores a 1925.
Y hay un detalle que resume perfectamente el nivel de obsesión por la artesanía: incluso las cabezas de los tornillos del habitáculo se alinean manualmente para que todas apunten en la misma dirección.
El habitáculo continúa con esa filosofía. Las pantallas digitales se reducen al mínimo y la única pantalla presente es la del sistema de visualización frontal.
El resto permanece deliberadamente analógico y táctil. Spyker quiere que el conductor opere los elementos del coche en lugar de limitarse a observar información en grandes pantallas.
Es precisamente el tipo de planteamiento que cada vez resulta más difícil de encontrar en los deportivos modernos.
Spyker también ha recuperado soluciones de su propia historia. El depósito de combustible se ha trasladado a una zona situada detrás de los asientos y delante del motor, una configuración utilizada históricamente en los coches de carreras de Le Mans de la marca.
El maletero pasa a estar situado en la parte delantera. Pero la gran sorpresa está detrás. El compartimento del motor utiliza un sistema de apertura denominado modo mariposa, que permite abrir toda la parte trasera del vehículo mediante un botón.
Para conseguirlo, el propio compartimento del motor ha tenido que recibir un nivel de acabado equivalente al resto del automóvil.
La exclusividad está garantizada por una producción extremadamente limitada. Spyker fabricará únicamente 25 unidades del C8 Preliator XXV Coupé, cada una encargada individualmente.
El coche presentado en The Quail durante la Semana del Automóvil de Monterey corresponde al chasis número 270 y representa el último de los 255 Spyker fabricados desde el resurgimiento de la marca en 2000.
Cada unidad pretende ser mucho más que un coche exclusivo: una pieza personalizada de la historia de Spyker.
El C8 Preliator XXV Coupé también representa algo más importante para la firma. Su presentación marca el comienzo de una nueva etapa después de la inversión de Volodymyr Nosov, que se convirtió en copropietario de Spyker y estableció una alianza estratégica con W Group.
La compañía asegura que no pretende convertir sus coches en dispositivos digitales sobre ruedas. Al contrario, los futuros hipercoches seguirán apostando por una experiencia fundamentalmente analógica.
Entre los planes anunciados aparecen también el desarrollo del SSUV Spyker D8 Pekín-París, nuevas experiencias digitales para clientes y la intención de regresar a las carreras de resistencia GT3.
El Spyker C8 Preliator XXV Coupé es, por tanto, mucho más que un nuevo hipercoche. Es la declaración de intenciones de una marca que quiere recuperar su lugar entre los fabricantes más exclusivos del mundo sin renunciar a aquello que la hizo diferente: artesanía, aviación, mecánica y una conexión directa entre el conductor y la máquina.