Hay preparaciones que mejoran las capacidades de un clásico y otras que directamente desafían cualquier lógica. Este Land Rover Serie III bautizado como “Slamd-Rover” pertenece claramente al segundo grupo: mantiene la inconfundible carrocería del todoterreno británico, pero debajo esconde una transformación radical basada en un Volkswagen Beetle.
El resultado es una mezcla difícil de imaginar: la imagen robusta de un Land Rover clásico con la filosofía de un ‘rat rod’ y un motor bóxer refrigerado por aire de Volkswagen.
El proyecto comenzó con un Volkswagen Beetle de 1968 que su actual propietario compró en 2020 cuando todavía estaba sin terminar. Con la ayuda de los especialistas británicos Dropworks Customs y Lowdown Transporters, el coche acabó convertido en algo completamente diferente.
La distancia entre ejes se ha reducido y se ha instalado una suspensión neumática de cuatro vías controlada a distancia. Gracias a ella, el vehículo puede bajar prácticamente hasta tocar el asfalto. Una solución espectacular para llamar la atención, pero bastante menos recomendable si lo que se pretende es hacer lo que históricamente mejor se le ha dado a un Land Rover: salir del asfalto.
De hecho, con la suspensión completamente rebajada, probablemente haya que tomarse con bastante calma incluso un simple badén.
La carrocería procede de un Land Rover Serie III y presenta un llamativo acabado verde mate. El techo beige procede de una rara versión Safari y también ha sido recortado para adaptarlo a la nueva configuración. También, se han eliminado prácticamente todos los cristales, salvo el característico parabrisas dividido y las pequeñas ventanillas Alpine, elementos que permiten reconocer inmediatamente el origen británico de la carrocería.
Para completar la transformación se han instalado llantas Porsche de 17 pulgadas, mientras que una rueda de repuesto del mismo estilo ocupa un lugar privilegiado sobre el capó.
El contraste no puede ser mayor: aspecto de vehículo preparado para cruzar África y una configuración que parece diseñada para circular a escasos centímetros del suelo.
La sorpresa continúa en la parte trasera. Donde un Land Rover clásico normalmente escondería buena parte de su capacidad de carga, el Slamd-Rover lleva instalado un motor bóxer de cuatro cilindros y 1,6 litros refrigerado por aire procedente de una Volkswagen Tipo 2.
El propulsor incorpora carburadores dobles, trompetas de admisión fabricadas mediante impresión 3D y un sistema de escape artesanal con doble salida. No es precisamente la configuración que uno espera encontrar al levantar el capó de un Land Rover Serie III.
El habitáculo también ha sido completamente personalizado. Cuenta con un asiento corrido hecho a medida, volante de madera, tres indicadores y una palanca de cambios elevada. Igualmente, la preparación conserva algunos elementos que recuerdan al Land Rover original, pero la filosofía general está mucho más cerca de un vehículo de exhibición que de un todoterreno clásico.
Y ahí está precisamente la gracia del proyecto.
El curioso “Slamd-Rover” se encuentra actualmente a la venta en eBay por 15.000 libras esterlinas, unos 20.000 dólares al cambio utilizado en el anuncio. El vendedor asegura que puede entregarlo en cualquier punto del Reino Unido y también enviarlo a otros países con un coste adicional.
Su propia descripción resume bastante bien el espíritu de la preparación: es el vehículo perfecto para molestar a los puristas de Land Rover.
Y viendo la transformación, probablemente también consiga algo mucho más difícil: que nadie sea capaz de ignorarlo cuando circule por la calle.