Los coches eléctricos tienen características que pueden exigir más a sus neumáticos que un vehículo de gasolina o diésel de tamaño y prestaciones similares. Según Euromaster, que cita estudios e informes técnicos de Michelin, el desgaste puede ser de media hasta un 20% superior. No obstante, esta cifra no debe interpretarse como una regla aplicable a todos los modelos.
Uno de los principales motivos es el peso. Las baterías pueden añadir varios cientos de kilos respecto a un automóvil de combustión comparable, lo que incrementa la carga que soporta cada neumático.
Ese peso adicional influye en las fuerzas que deben soportar las ruedas al acelerar, frenar o tomar una curva. Cuanto mayores sean las exigencias sobre la banda de rodadura, más importante resulta contar con neumáticos adecuados y mantenerlos en buen estado.
Los motores eléctricos destacan por ofrecer una respuesta inmediata al acelerador. Esta característica permite disfrutar de aceleraciones contundentes desde parado, pero también puede aumentar el esfuerzo sobre los neumáticos, especialmente en las ruedas motrices.
Las arrancadas bruscas, las aceleraciones intensas y una conducción poco progresiva favorecen el deslizamiento de la goma sobre el asfalto y pueden acelerar su deterioro.
Por eso, aprovechar toda la aceleración disponible en cada semáforo puede salir caro. Una conducción suave no solo ayuda a mejorar la eficiencia energética, sino que también contribuye a cuidar los neumáticos.
La frenada regenerativa permite recuperar parte de la energía cinética del vehículo y transformarla en electricidad para recargar la batería. De esta manera, reduce el uso de los frenos convencionales. Sin embargo, las fuerzas de deceleración siguen transmitiéndose entre los neumáticos y el asfalto. La influencia de este sistema en el desgaste depende de cómo se utilice y de las características del vehículo; por tanto, no debe considerarse por sí solo una causa universal de mayor deterioro.
No todos los neumáticos son iguales, aunque tengan las mismas dimensiones. Los coches eléctricos pueden necesitar cubiertas con características específicas para soportar su peso, transmitir el par motor y reducir la resistencia a la rodadura.
Por eso, antes de cambiar las ruedas, conviene comprobar las especificaciones indicadas por el fabricante del vehículo. Entre los aspectos que deben respetarse figuran:
- Índice de carga: debe ser suficiente para soportar el peso del automóvil.Los neumáticos diseñados para vehículos eléctricos pueden combinar una estructura adecuada para soportar mayores cargas con soluciones orientadas a reducir el ruido y mejorar la eficiencia. Eso no significa que cualquier cubierta etiquetada para un eléctrico vaya a durar más: también influyen el compuesto, el diseño, el vehículo y la conducción.
Aunque las características del coche influyen en el desgaste, los conductores pueden adoptar varias medidas para evitar que las ruedas se deterioren antes de tiempo.
1.- Comprueba la presión periódicamente. Circular con una presión inferior o superior a la recomendada puede provocar un desgaste irregular y perjudicar la eficiencia. Lo adecuado es seguir los valores indicados por el fabricante, teniendo en cuenta la carga del vehículo.El posible desgaste adicional es uno de los gastos que conviene considerar al calcular el coste real de un vehículo eléctrico. Aunque estos automóviles prescinden de elementos como el aceite del motor y otros componentes propios de la combustión, siguen necesitando neumáticos, frenos, revisiones y otros trabajos de mantenimiento. Además, el coste de sustituir las ruedas depende de las dimensiones, la marca, el tipo de cubierta y las especificaciones del vehículo. Los modelos grandes y potentes pueden utilizar neumáticos de mayor tamaño, cuyo precio suele ser superior al de los empleados por automóviles pequeños.
El dato del 20% difundido por Euromaster sirve como referencia, pero no permite calcular automáticamente cuánto dinero adicional gastará cada conductor. Para conocer la diferencia real habría que comparar vehículos equivalentes, sus neumáticos y la duración efectiva de cada juego de ruedas.
La conclusión es clara: un coche eléctrico no tiene por qué gastar siempre más neumáticos, pero su peso y su respuesta mecánica pueden aumentar las exigencias sobre las ruedas. Elegir cubiertas homologadas, controlar la presión y conducir con suavidad son medidas sencillas para reducir el desgaste y evitar gastos innecesarios.