OPINIÓN

¿Se puede soñar con un Ferrari eléctrico?

Opinión

Mario Camacho

Jueves 04 de junio de 2026
Ferrari ha dado el paso que parecía inevitable: presentar su primer modelo totalmente eléctrico. Sin embargo, lo que debía simbolizar el futuro de la marca ha abierto un intenso debate sobre su identidad. Más allá de la tecnología, la polémica alrededor del Luce plantea una pregunta mucho más profunda: ¿puede Ferrari evolucionar sin renunciar al sueño que la convirtió en leyenda?

La presentación del primer Ferrari eléctrico, el Luce, ha provocado una reacción pocas veces vista en la historia reciente de la marca. Miles de críticas, memes a escala industrial y una sensación generalizada de desconcierto. La mayoría de los aficionados coinciden en algo: el coche no parece un Ferrari.

Su diseño es correcto. Incluso elegante. Pero también podría llevar el emblema de cualquiera de las nuevas marcas eléctricas que han aparecido en los últimos años, muchas de ellas procedentes de China. Le falta algo difícil de definir, pero fácil de reconocer en un Ferrrari: No es un supercar.

Sin embargo, quizá la pregunta no sea si el Luce parece un Ferrari. Quizá la pregunta correcta sea si Ferrari sigue diseñando coches para quienes llevamos décadas admirando Ferrari.

Los apasionados del automóvil solemos pensar que somos el centro del universo de las marcas. Pero rara vez somos el cliente. Menos aún cuando hablamos de un vehículo que supera ampliamente los 400.000 euros. El comprador potencial de este coche podría ser alguien muy diferente: jóvenes multimillonarios surgidos de la revolución tecnológica, fundadores de startups, empresarios de la inteligencia artificial o inversores digitales para quienes el rugido de un V12 significa poco, pero la aceleración instantánea, las pantallas y la exclusividad siguen teniendo un enorme valor.

Quizá por eso las críticas han sido tan virulentas. Porque muchos perciben que Ferrari ha dejado de hablarles.

Incluso voces autorizadas dentro de la propia historia de la marca han mostrado su descontento. Luca Cordero di Montezemolo, uno de los hombres que más contribuyó a construir el mito moderno de Ferrari, ha expresado públicamente su disapprovazione. Y cuando alguien que puede permitirse comprar cualquier Ferrari duda de que este lo sea realmente, su opinión merece ser respetada.

Pero también cabe preguntarse si el error no está en otro lugar. Tal vez Ferrari ha sido valiente al electrificarse, pero conservadora en su estrategia empresarial.

Si yo hubiera estado en Maranello, habría hecho algo diferente. Habría convertido Luce en una marca propia. Un universo independiente respaldado por Ferrari, pero libre de la obligación de parecerse a ella. "Luce by Ferrari". Una división destinada a conquistar a una nueva generación de millonarios tecnológicos sin poner en cuestión el legado emocional de los coches nacidos alrededor de un motor de combustión.

Una marca como Ferrari tiene que avanzar con los tiempos sin dejar de ser Ferrari.

Tal vez Ferrari tenga razón y el mercado vaya exactamente por donde ellos creen. No sería la primera vez.

Enzo Ferrari decía que "Ferrari es un sueño". Y quizá ahí reside la verdadera cuestión. Durante décadas la marca no vendió coches, vendió sueños. El sonido de un motor arrancando en Maranello, una silueta reconocible a cien metros o la emoción irracional que provoca ver pasar un Ferrari aunque jamás puedas permitírtelo.

Pero las grandes marcas no se construyen únicamente pensando en los clientes que vendrán. También se construyen respetando a quienes las admiraron cuando todavía no podían permitírselas. Porque, al final, toda leyenda vive de sus compradores. Pero sobrevive gracias a sus soñadores.

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