La planta de Ford en Almussafes inicia una nueva etapa histórica. El acuerdo alcanzado con Geely no solo asegura la continuidad de la fábrica valenciana, sino que abre la puerta a nuevas inversiones, más empleo y la fabricación de cinco nuevos vehículos destinados al mercado europeo.
La industria del automóvil española acaba de recibir una de las noticias más importantes de los últimos años. Ford y el grupo chino Geely han anunciado una alianza estratégica que permitirá transformar la histórica planta de Almussafes (Valencia) en uno de los principales centros europeos de fabricación de vehículos electrificados.
El acuerdo supone un auténtico punto de inflexión para una factoría que durante los últimos años había vivido momentos de incertidumbre tras el fin de la producción de modelos emblemáticos y la reducción progresiva de su actividad. Ahora, el escenario cambia por completo.
La nueva empresa conjunta estará participada en un 66% por Ford y en un 34% por Geely, una estructura que permitirá aprovechar la experiencia industrial de la planta valenciana y la capacidad tecnológica del fabricante chino para desarrollar nuevos vehículos destinados al mercado europeo.
Uno de los aspectos más relevantes del acuerdo es la confirmación de la producción de cinco vehículos en Almussafes.
La planta continuará fabricando el exitoso Ford Kuga, al que se sumará un nuevo Ford Bronco adaptado al mercado europeo, además de un crossover multienergía desarrollado conjuntamente por ambas compañías.
A ellos se unirán dos nuevos SUV eléctricos de Geely, que convertirán la fábrica valenciana en uno de los principales centros europeos de producción de vehículos electrificados.
La alianza también supone un importante respaldo para el empleo.
Actualmente, la planta cuenta con algo más de 4.100 trabajadores, todos ellos pasarán a formar parte de la nueva sociedad cuando esta comience a operar en 2027. Además, Ford y Geely prevén aumentar progresivamente la actividad conforme entren en producción los nuevos modelos, lo que podría traducirse en nuevas contrataciones en los próximos años.
Tras varios ejercicios marcados por expedientes temporales de regulación y una utilización muy inferior a su capacidad, la factoría recupera ahora una perspectiva de crecimiento a largo plazo.
Más allá del impacto local en Valencia, el acuerdo tiene una enorme importancia para toda la industria española.
España continúa siendo el segundo fabricante de automóviles de Europa y uno de los principales exportadores mundiales de vehículos. La llegada de nuevas inversiones internacionales confirma que las plantas españolas siguen siendo competitivas gracias a su elevada productividad, su red de proveedores especializados y una amplia experiencia industrial.
La decisión de Geely de fabricar en España también responde a la necesidad de incrementar la producción europea de vehículos eléctricos, reduciendo la dependencia de las importaciones asiáticas y mejorando la competitividad en un mercado cada vez más exigente.
El acuerdo refleja además la transformación que vive el sector del automóvil.
Los fabricantes tradicionales buscan alianzas con grupos tecnológicos y marcas chinas para acelerar el desarrollo de nuevos vehículos, reducir costes y competir en un mercado donde la electrificación avanza a gran velocidad.
Geely, propietario de marcas como Volvo, Polestar, Lotus o Lynk & Co, gana con esta operación su primera gran base de producción en Europa, mientras que Ford asegura el futuro de una de sus fábricas más importantes en el continente.
La fábrica valenciana afronta ahora una nueva etapa con un horizonte mucho más estable.
La previsión es que la empresa conjunta quede formalmente constituida durante 2027 y que la producción de los nuevos modelos arranque en 2028, aumentando progresivamente la utilización de unas instalaciones con capacidad para fabricar cientos de miles de vehículos al año.
Para la industria española, este acuerdo supone mucho más que una inversión. Es la confirmación de que España continúa siendo un país estratégico para la automoción europea y un destino atractivo para las grandes multinacionales en plena transición hacia la movilidad eléctrica.