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El sector del automóvil, de mal en peor

El sector del automóvil, de mal en peor

El mercado del automóvil esta que arde, por no decir que esta en la ruina. Son muchos los concesionarios que están cerrando porque no pueden mantener las estructuras. Entre éstos, los más perjudicados, los de Toyota

 

El mercado del automóvil esta que arde, por no decir que esta en la ruina. Son muchos los concesionarios que están cerrando porque no pueden mantener las estructuras. Entre éstos, los más perjudicados, los de Toyota. La marca les hizo invertir para ampliar las instalaciones en la creencia –siempre según los estudiosos del marketing que la marca japonesa tenía en su filial española- de que el incremento de ventas les iba a colocar en la misma posición de Renault, Seat y Citroen.; es decir, vender más de 70.000 coches al año.

Ni que decir tiene que muchos concesionarios entraron a saco, embarcándose en crucero que ha naufragado en sus previsiones. Ampliaron las instalaciones, amén del personal de servicio para atender las “profecías” de los ejecutivos de la marca que había pronosticado un incremento en las ventas al mismo ritmo de los años anteriores.

Y nunca tan lejos de ello, la marca esta vendiendo el cincuenta por ciento de sus optimistas previsiones. Los concesionarios se encuentran en una situación que no pueden atender las hipotecas de sus sobrantes nuevas instalaciones, se ven obligados a despedir al personal que habían contratado para la nueva y prometedora singladura. En consecuencia, actualmente muchos de ellos están en quiebra técnica o a punto de estarlo.

Una situación que esta generalizándose también en otras marcas. Especialmente aquellos concesionarios que invirtieron en este sector para especular. Ahora no especulación, sino profesionalidad. Y aquellos que tienen esta carencia, se ven ante un panorama desolador se mire por donde se mire. Aguantan como pueden y se mantienen algunos gracias a los beneficios conseguido en los años de bonanza.

En una situación normal, el mercado español debería matricular a estas alturas cerca de un millón de automóviles y, este año, si terminamos con 850.000 matriculaciones podemos darnos con un canto en los dientes.

Para colmo, el Gobierno zapateril quita el apoyo al plan de renovación del parque, sube la gasolina, sube los impuestos, limita la velocidad a 110 kilómetros por hora. Todo un cúmulo de medidas para perjudicar todavía más a un sector, que contribuye en más de un 10 por ciento el PIB

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