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El “chantaje” mediático

En este mundo de las revistas especializadas del automóvil hay buenos, malos y muy malos. Es un sector que ha movido y, en casos muy especiales, sigue moviendo mucho dinero en comunicación. Son circunstancias de las que se han aprovechado muchos medios como fuente de ingresos. Tanto es así, que muchos de estos soportes han favorecido a sus clientes correspondiendo en sus páginas con información casi siempre positiva para sus clientes. A pesar del criterio o director de turno. En esto, afortunadamente, manda el Departamento comercial del grupo mediático. Y es que la industria del automóvil -en tiempos de bonanza- significaba más del cuarenta por ciento en la facturación de los periódicos diarios y cerca del cien por cien de las revistas especializadas.

Cuando se superó el millón de coches vendidos al año, al olor del “chollo”, nacieron nuevas publicaciones especializadas. Unas dirigidas a compradores, aficionados, técnicos, deportistas y…; otras, claramente al chantaje. Estas últimas, con tiradas ínfimas, es decir, los comprobantes de publicidad y los necesarios para distribuir en el sector de dirigentes. Los menos, ofreciendo contenidos de rumor como arma arrojadiza para controlar otro negocio paralelo, pero vinculados, como la contratación logística de los eventos, etc. Si había contrato, todo es bueno; si es al contrario, a la cámara del infierno. El “jarabe del palo” siempre ha funcionado en este sector; sobre todo cuando había dinero y personajillos de esta catadura hacían su “agosto”. Son los miedos del chantaje

Ahora la situación ha cambiado. Este personajillo –con aires de “señorito andaluz”- las está pasando putas. Como todos. Eso si, continúa viviendo del acoso y de chupar lo que sea necesario. Un artista del soborno, engrasando los ejes a base de hostias o de no se qué. Es un arte para el que hay que valer y que domina a la perfección.

Como nunca ha creído en Internet, ahora ha tenido que dar su brazo a torcer y coger el tren en el último momento. Y aquí no le vale el rumor, porque se disipa con todo lo que hay. En definitiva, entre la reducción de recursos de las marcas para eventos y publicidad, ahora poco le vale dar palos. Internet ha supuesto la caída en picado de estos personajillos de tres al cuarto. A pesar de que “paga” religiosamente a todos sus colaboradores. Conocemos a varios que no han cobrado.

Eso sí, seguirá en su línea: la crítica destructiva (“Chantaje”) si no pasan por taquilla.

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