La primera carrera junto al que esto escribe. Tenía 13 años. Hace 59 años
La primera carrera junto al que esto escribe. Tenía 13 años. Hace 59 años

Dos años sin Angel Nieto

¿Pudo salvarse ? Es la incognita que todavía esta por despejar tras una experiencia cercana

domingo 04 de agosto de 2019, 09:20h
Parece que fue ayer. No puedo olvidar cuando, a primeras horas del día 3 de agosto del 2017, me llamó Belinda, la compañera y madre del benjamín, Hugo, de la familia. “Se nos va, Tomás”, me lo dijo llorando al otro lado del teléfono. Yo, estaba en la Manga del Mar Menor. Me fui a Alicante para tomar el primer avión a Ibiza. Tuve suerte, porque a las 14 horas estaba en el hospital donde agonizaba, todavía, el que fue mi amigo durante más de 58 años

La estampa que me encontre era desoladora. Me temía lo peor. Toda la familia casi al completo. Me abrace a Gelete, a Belinda y a todos los que habíamos vivido los últimos años de su vida junto a él. No pude contener mis emociones. Soy de lagrima fácil. Eran muchos los recuerdos que pasaron por mi cabeza. Sufrí una subida de tensión de la que fui atendido en el mismo hospital. Cuando me incorporé de nuevo a la planta, me sentaron en la misma habitación que había estado Ángel, antes de ser intervenido la noche anterior. Estábamos esperando a un equipo de neurocirujanos que se había desplazado desde Barcelona. Era la última esperanza. Pero fue inútil.

A las 4:30 de la tarde se terminaron todas las posibilidades. Se perdía, perdíamos, la vida de Ángel, el “rubio”, mi niño. Al que tanto critiqué y tantas emociones me había dado a lo largo de su vida. Que cosas mas insólitas suceden. Jugándose la vida por aquellos circuitos sin protección, saliendo indemne en muchas circunstancias, un pequeño golpe de un coche, le tiró desde su “quad”. Con tan mala fortuna, que su cabeza colisionó contra el duro bordillo. Era inimaginable.

Las lesiones que apreciaron en aquel modesto hospital indicaron que había que esperar. A mi modo de ver, fue un tiempo perdido. Se le podía haber trasladado en uno de esos aviones preparados para estas circunstancias y haberlo traído a Madrid. Pero los médicos que allí le atendieron no lo aconsejaron. Cuando todo parecía que mejoraba, se volvió en contra. Se le intervino quirúrgicamente demasiado tarde y, viendo el panorama, por profesionales, a mi modo de ver, con poca experiencia y poco preparados en aquella actuación.

Lo comento, porque en estos días, una de mis hijas, ha sufrido un Ictu. Rápidamente le hicieron un TAC y comprobaron un coagulo en una de las venas que riega el cerebro. Trasladada al Hospital de La Paz, fue intervenida y en menos de 48 horas ha salido de la UCI. Gracias a Dios, aunque tenemos que esperar. Habla, entiende, mueve todas las articulaciones.

Pongo este ejemplo, porque lo sucedido con Ángel me ha dado la experiencia de no cometer errores en tomar decisiones. Me llamó mi hijo donde estaba pasando las vacaciones. Le dije que firmase para que la interviniesen. Sin más dilación. Esto ha sido vital en los resultados. Tocaremos madera. Pero ha sido un golpe muy duro, pero, afortunadamente, todo ha salido bien.

Esta decisión no se tomó en el caso de Ángel. Se lo dije a Belinda y se lo comenté a sus amigos de Ibiza que estaban allí. Yo estuve en el hospital y los medios que tenían eran muy modestos, como pude comprobar en mi propia persona. Lo cuento como lo siento. Cuando llegaron los neurocirujanos de la Ciudad Condal ya no había tiempo para hacer nada. Habían esperado demasiado tiempo. ¿Negligencia? No lo sé. La medicina tiene estas vicisitudes. Puede salir bien o, todo lo contrario.

Recuerdo que, en el mes de septiembre, un mes más tarde, íbamos a presentar el libro que había escrito, cuatro años antes, de una vida en común: “Las Curvas de la Vida”. Una historia que relata a uno de los personajes icono de nuestro deporte. Recuerdo que ese mismo año, en el Gran Premio de Montmeló, le lleve un ejemplar impreso en digital para que lo viera terminado. No puedo olvidar aquella frase que me dijo: “Yo no voy a poner un duro y creo que no vas a ganar dinero, pero puedes hacer lo que quieras”. No era esa mi intención. Solo quería darme la satisfacción de lanzar una biografía muy personal que pocos conocen. Pero había sido la última conversación que había tenido con él. Habiamos quedado en vernos en Ibiza.

Era, es, la historia de mi “niño”, una parte de mi vida que nunca podré olvidar. No he ganado dinero -tenía razón Ángel- pero más de 5.000 ejemplares se han logrado vender. Esa es mi gran ilusión. Siempre estará en mi corazón. A pesar de las muchas discusiones que tuvimos en nuestras vidas. Me conocía como yo le conocía a él.

Sigue descansando allí arriba, porque un Ángel apoyado en las alas de su casco se merece estar en el cielo.

El legado que nos ha dejado ha sido grande, muy grande. Lo que es hoy el motociclismo en nuestro país se lo debe a él. A su constancia por hacer grande este deporte, su mejor virtud.

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